Las veinte mujeres que marcaron el rumbo de la ciencia

Ada Byron, la hija de lord Byron, estudió ciencias como el menor de dos males; el otro era dedicarse a la poesía. Ada es considerada una de las primeras programadoras de software del mundo tras su trabajo con Charles Babbage y su máquina analítica . Pero Ada Byron, condesa de Lovelace, es sólo una de las veinte mujeres que desde el 10 de enero protagonizan la exposición La mujer, innovadora en la ciencia, en el madrileño IES Beatriz Galindo. En ella se puede conocer la vida y los trabajos de mujeres que con sus aportaciones a las matemáticas, la física o la astronomía sentaron muchas de las bases de la ciencia moderna.

La exposición es una iniciativa de la Comisión de Mujeres y Matemáticas de la Real Sociedad Matemática Española (RSME), que ha contado también con el apoyo de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT). Llega a Madrid tras su paso por la comunidad canaria o ciudades como Bilbao, pues forma parte de un proyecto más amplio que incluye un ciclo de conferencias en distintas universidades e instituciones españolas. Próximamente se trasladará al CSIC, si bien las responsables del centro aseguran que muy posiblemente se amplíen las fechas de exposición en su actual emplazamiento.

Veinte mujeres de diferentes épocas y creencias. Se habla de Hedu'Anna, que hace 4.300 años pudo dedicarse a la astronomía gracias a ser princesa y que, además de ser la primera mujer registrada en la historia de la ciencia, es la primera persona de la que se tiene constancia que firmó sus escritos. O de Julia Bowman, la primera mujer que entró en la Academia Nacional de Ciencias americana -ya en el siglo XX- y a quien se debe la resolución del décimo problema de Hilbert o el más importante teorema en la teoría elemental de juegos.

Familias acomodadas
Todas ellas tienen con un denominador común, como señala Pilar Urgorri, Jefa del Departamento de Matemáticas del IES Beatriz Galindo: "Salvo en el caso de las últimas, las del siglo XX, todas son mujeres que proceden de una familia acomodada y con un nivel cultural alto. En general, han estado a la sombra de sus maridos, empezando por Teano, que era la esposa de Pitágoras, hasta Mileva Maric, la mujer de Einstein. Si han publicado algo lo han hecho con sus maridos, casi sin figurar sus nombres".

Muchas de ellas tuvieron que luchar por conseguir entrar en la universidad y por que se reconociera su capacidad, como es el caso de Sofía Kovalevskaya, a quien Weirstrass se negó a dar clase convirtiéndose después en su máximo defensor cuando comprobó por si mismo sus posibilidades, o Sophie Germain, quien para cartearse con otros matemáticos ilustres tuvo que hacerse pasar por un hombre. Los padres de Mary Fairfax, por ejemplo, se oponían a que su hija estudiase pensando que alteraría el "natural crecimiento" femenino. "Algunas trabajaron como profesoras de la universidad sin cobrar", recuerda Urgorri, refiriéndose a casos como el de Emmy Noether. Cuando le ponían trabas para impartir clases a los hombres, Hilbert dijo en su defensa: "Esto es una universidad, no un baño".

Ésta es una exposición "para conocer el papel de la mujer en la ciencia y un recorrido histórico por las matemáticas, además muy didáctica, pues cuenta también con problemas para resolver asequibles para todo el mundo", recomienda Urgorri. Aquí se aprende, por ejemplo, que el descubrimiento de Urano atribuido a William Herschel debería ser compartido con su hermana Caroline; que Mileva Maric, la mujer de Einstein, parece ser que ayudó a su marido con las asignaturas de contenido matemático en el Politécnico de Zurich y a resolver los problemas matemáticos concernientes a la teoría de la relatividad; o que los estudios de Mary Lucy Cartwright con Littlewood dieron origen a la Teoría del Caos.

Teano, Pitágoras y la razón áurea
La primera mujer que estudió las proporciones trabajando con el número áureo, conocido del gran público gracias a ‘El Código Da Vinci', fue Teano, quien se hizo cargo de la Escuela Pitagórica tras la muerte de su marido.

Este hecho ha motivado la exposición llamada ‘El número mágico de la naturaleza: La razón áurea', donde se explican las múltiples propiedades del llamado número de oro: aparece en las espirales logarítmicas de los caracoles o en las piñas de las coníferas, en la arquitectura de Notre Dame de París, el Partenón o El Escorial, en
la obra de Leonardo Da Vinci y en la música de Mozart, o en las proporciones de las tarjetas de crédito y hastade las latas de atún.

 

Aquí tenemos una foto de la exposición:

 

El Infinito,... La eternidad,...

Es cierto que en términos científicos de la Física, se sabe que el universo no es eterno, ni su materia infinita. Pero en nuestra mente, la noción de infinito cumple funciones básicas; es por eso que en Matemáticas sí existe la noción de infinito (e incluso de diferentes infinitos posibles). Y, por cierto, nuestra mentalidad está muy asumida en la noción de eternidad, en la cual se implica que el tiempo sería infinito.
Lo dicho permite pensar algunos “experimentos mentales” –es decir, juegos del pensamiento- que pueden ser a la vez apasionantes y paradójicos. Por ejemplo, en dimensiones infinitas la parte no es menor que el todo, según nos enseña la matemática avanzada. Y, podríamos agregar nosotros, no hay una parte que pueda ser mayor que otra u otras, aunque lo parezca. Toda una perplejidad que debemos explicar.
De niño, me gustaba imaginar lo que sería la eternidad, el premio o castigo eterno que se nos otorgaría según cómo nos hubiésemos comportado en vida. Claro, el castigo resultaba más inquietante, con las referencias que implicaba al fuego inextinguible. Pensaba, entonces, qué ocurriría luego de 10 años de castigo eterno; o luego de 100, o de 500 años. Cuánto de castigo se había cumplimentado, cuánto faltaba por cumplir en cada caso.
El resultado era claramente desalentador: con diez años de avance, seguía faltando una eternidad completa. Lo peor es que ocurría igual si los años eran 100, quinientos o diez mil: luego de ello seguía siempre faltando un infinito completo. Es decir, que uno o un millón son lo mismo en relación con lo infinito: ninguno alcanza a constituir una fracción.
No sigamos por el lado del vértigo que produce esa intuición sobre el premio o el castigo eternos. Podemos ahora detenernos en la curiosa situación que hace que –en relación a la escala de lo infinito- cualquier cifra da lo mismo. Un año no es menor que un millón de años, los dos representan la misma nada ante el absoluto.
Quizá pueda sacarse alguna conclusión de interés personal de estas especulaciones, que son necesariamente abstractas (un poco matemáticas, o vagamente teológicas). Todos tenemos la experiencia de que nuestro tiempo subjetivo se mide por intensidades y no por la aguja del reloj. Que los momentos aburridos se hacen lentos e interminables, y que aquellos que vivimos con gusto, se nos escurren sin sentirlo.
También sabemos que se dice de algunas personas que “han vivido mucho”, y ello no refiere a que lleguen a los 90 años de edad, sino a que supieron exprimir lo mejor de su tiempo para aprovecharlo de una manera valiosa: que produjeron algunas acciones beneficiosas para la humanidad, que conocieron lugares remotos del mundo, que exploraron ampliamente el ejercicio del amor o la amistad, o que conocieron espacios recónditos de este mismo territorio citadino que compartimos diariamente. En fin, que supieron vivir estrujando las posibilidades del tiempo.
En analogía con aquello de que un día puede ser igual a muchos años (¿no vive una mariposa en un solo día una tercera parte de su ciclo biológico?), valdría la pena asumir que se puede vivir en períodos breves, experiencias enormemente significativas. De esas de las que luego podría decirse que nos ayudaron a “haber vivido mucho”. Insistamos en que vivir mucho no es sinónimo de vivir largamente: la biografía de Eva Perón es elocuente al respecto, por dar un solo ejemplo.
Como diría Serrat, “hoy puede ser un gran día”: un ejemplar único, algo que hay que saber aprovechar con todos los recursos que contemos. Es que en un día caben retazos importantes de eternidad, en tanto cada momento equivale con muy largos períodos de tiempo, si es que pensamos acorde a los números transfinitos.

El niño más inteligente del mundo

 

Ultimamente, el Récord Mundial Guinness reconoció que el niño egipcio de 9 años llamado Mohamed Ouaili es el niño más inteligente del mundo por poseer el cociente de inteligencia más alto entre los niños de su edad y asombroso talento en matemáticas.

Un prueba realizada por científicos egipcios al pequeño Mohamed demuestra que pudo resolver problemas difíciles y complicados de matemáticas y elaborar programas de computación en muy poco tiempo. Incluso pudo hacer cálculos con la misma rapidez que un ordenador. En la prueba de resolver problemas difíciles de matemáticas, venció a los más conocidos científicos de Egipto. Los expertos egipcios en la materia están seguros de que el pequeño Mohamed tiene un asombroso talento en matemáticas. Según medios de comunicación árabes, el pequeño Mohamed, que llegó a ser estudiante universitario a los 5 años de edad, es ahora estudiante de 4 año de la Universidad de Egipto. Varias conocidas empresas de ordenadores en el mundo han entrado en contacto con él para darle una capacitación especial.

El niño genio desea ser médico en el futuro y, al mismo tiempo, estudiar inglés y programación de alto nivel. Pero, los expertos en la materia esperan que él pueda desarrollarse en matemáticas y en programación. Como vemos en las fotos,... un niño normal.....

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